El balón que parió a los grandes del rock en español
Entre el 1 y 25 de junio de 1978 se realizó en Argentina la Copa Mundial de Fútbol con ciudades como Buenos Aires, Córdoba, Rosario, Mar del Plata y Mendoza ejerciendo de anfitrionas para un evento que marcaría, aunque suene extraño, la historia musical.
Litto Nebbia, Luis Alberto Spinetta y Charly García nacieron en la transición entre 1948 y 1951, hoy son los padres del rock argentino, y referentes de la camada más grande de músicos de un mismo país latinoamericano que más adelante harían historia.
El fútbol y Argentina tienen un pariente que los une, Diego Maradona, pero, al fútbol y a la historia del rock en español los unió un hecho, el Mundial del 78. Dejando de lado su trascendencia política teñida por la dictadura del General Videla y un país sumido en opresión, este acontecimiento se verá reflejado en varias de las letras de los artistas que hoy escuchamos.
Este Mundial fue una completa revolución, comenzando por la pelota. Adidas, la prestigiosa marca deportiva participó en el Mundial argentino con un balón denominado “Adidas Tango”, allí la primera conexión, fútbol-música. Este esférico, lleno de parches negros y blancos sería el modelo de las próximas 5 Copas del Mundo.
A partir de 1959 la camada de músicos comenzó a nacer, Gustavo Cerati fue de los primeros en conocer el mundo que ahora lo acoge como ídolo, más adelante, en 1961 nace Andrés Calamaro, el reconocido “salmón”, dos años después, en 1963 el turno fue para Rodolfo Páez “Fito”.
La niñez y adolescencia de todos ellos estuvo marcada por los gritos de gol de Kempes, los tambores de la hinchada, las atajadas del “Pato” Fillol y la presencia militar de la dictadura; mientras tanto, Charly y Nito Mestre creaban Sui Generis, banda legendaria y estandarte del “rock nacional”, asimismo Sandro abandonaba sus raíces de rock and roll y se convertía en ídolo latinoamericano y Litto se inclinaba hacia el jazz, todos, como si estuviesen confabulados, endulzaron los oídos de sus futuros discípulos.
La polémica y transparencia del Campeonato ha estado en duda hasta estos días, pues los argentinos estaban inmersos en un gobierno corrupto y traicionero, y la alegría de los artistas que hoy ríen de este régimen se fundamenta en que lograron trascender las paredes y los espectáculos pro-ignorancia para cantarle, pintarle y escribirle a la realidad.
Cada gambeta aumentaba la pasión en tierras gauchas, y los chicos rockeros no eran apáticos al suceso. La locura desbordada luego de la final entre Argentina y Holanda (Países Bajos en aquel momento) se impregnó en la piel, y condujo una energía maravillosa que los pequeños músicos tuvieron como manifiesto de inspiración, inspiración que agradecemos los fanáticos del fútbol, los fanáticos del rock.
“Me parece que soy de la quinta que vio el mundial 78, me tocó crecer viendo a mí alrededor paranoia y dolor”. Crímenes Perfectos – Andrés Calamaro.
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